Pronto llegó la festividad de Beltane, la celebración del Buen Fuego que marcaba el comienzo del verano pastoral, cuando los campesinos llevaban las manadas de ganado a las tierras de pasto de las montañas. Erin y sus hermanos se aprestaron a participar muy entusiasmados.
El trayecto fue duro para el muchacho que se desplazaba con la ayuda de las muletas, pero en ningún momento decayó su ánimo. Entre cánticos y risas llegaron a su destino. Al atardecer encendieron grandes hogueras, símbolos de la fiesta.
Mientras compartían una cerveza fresca y turbia, algunos hombres comentaron sobre la existencia de un misterioso Castillo de Coral oculto entre esas montañas.
_ Dicen que allí vive una bruja poderosa capaz de volar, de manipular el fuego y exponerse a él sin recibir daño alguno.
_ Además domina los ríos y las tormentas _ agregó un desdentado.
_ Pero lo más increíble es que puede tomar la forma de cualquier animal, se puede hacer invisible y puede volver a la vida a los muertos _ dijo otro con seriedad.
Todos escuchaban con respeto, nadie se atrevió a reír o burlarse. Todos creían fervientemente en las leyendas que pasaban de generación en generación.
"Volver a la vida a los muertos...Si puede volver a la vida a una persona, quizás pueda devolverme la pierna", reflexionó esperanzado Erin.
_ Esta misma noche iniciaré la búsqueda del castillo de coral _ afirmó con convicción ante el grupo que lo miró atónito.
_ ¿Qué locura dices muchacho? _ se escandalizó el más anciano.
_ Lo haré, mi futuro y el de mi familia depende de ello_ se retiró de la reunión perdiéndose entre las sombras y ante la perplejidad de todos.
A pesar del cansancio, caminó durante toda la noche por senderos tortuosos con la luz de la luna como única guía.
En los albores del día se topó con un túnel natural de hayas oscuras que lo invitaba a adentrarse en él. Así lo hizo. Al término del misterioso sendero quedó pasmado al aparecer ante sus ojos el legendario Castillo de Coral. Se acercó con cautela, aunque sin miedo. No estaba custodiado, eso creía él. Varios pares de ojos seguían con atención sus pasos, eran Djins, genios al servicio de la poderosa bruja.
Sigilosamente traspuso el enorme portón de piedra.
Lo recibió un fantástico y colorido jardín adornado con decenas de relojes de sol y con representaciones del sistema solar. En el centro, una peculiar mesa en forma de corazón con un ramo de rosas blancas. Más allá de las enredaderas de mil tonalidades y de las distintas especies de plantas, todas extrañas y exóticas, se alzaba una torre altísima cubierta de piedras preciosas, destacándose el jade, los zafiros y las turmalinas.
Erin, impresionado ante tanto despliegue de riqueza, permaneció alelado esperando a la bruja.
Al poco tiempo se presentó custodiada por dos mastines, oscuros y fieros. Alta, delgada como un esqueleto, de nariz larga y puntiaguda, toda vestida de negro. Un velo cubría una mirada enigmática y electrizante.
_ ¿Qué pretendes en mis dominios criatura impertinente?_ su voz era áspera, grave.
_ Como ves soy un pobre lisiado. Me presento con humildad ante ti para suplicarte que obres el milagro de devolverme la pierna. Sé que tú tienes el poder para hacerlo.
Una carcajada ronca, escalofriante, rompió el silencio.
_ Haré lo que quieras, limpiaré, cocinaré...lo que deseés, estoy a tu disposición, pero, por favor, devuélveme la pierna. Mi madre y mis hermanitos dependen de mis fuerzas para trabajar las tierras que arrendamos a nuestro Señor. Si no hay cosecha seremos arrojados como perros de nuestra casa. ¡Ten piedad! _ vencido cayó entre las piedras llorando como un niño desprotegido.
_ No apeles a mi piedad porque no la tengo. Reconozco que mi precioso jardín necesita algo de cuidado...y que mi laboratorio está lleno de polvo y telarañas...así que ponte manos a la obra y después hablaremos sobre tu pierna.
Erin al escuchar el comentario de la bruja levantó el rostro sucio de tierra, pero ella y los mastines habían desaparecido.
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